Una balanza que pesa una vida 

Exposiciones 15 de marzo de 2018 Por
Familiares de Ernesto Lorenzi, farmacéutico, han acercado al Museo y  Archivo Histórico Municipal “Don Santos Tosticarelli” una balanza que se  instaló en su local en los años ’40. Una balanza con mucha historia. Se  la puede observar, e incluso pesarse, en la sala principal del Museo. 
BALANZA LORENZI

Ana Clara Lorenzi, nieta de Ernesto, contó la historia en un texto que 
queremos compartir: 

“En los años ´40 (del siglo pasado), un farmacéutico egresado con 
medalla de honor de la Universidad de Rosario, se instalaba, en un 
edificio de amplia fachada y pintoresco diseño, en la calle Buenos 
Aires. Fachada y diseño de típicas construcciones que remitían a templos 
o monumentos míticos. Y se instalaba con una farmacia que denominó 
“Lorenzi”, asumiendo con su apellido y su profesión amada toda la 
responsabilidad de la misma. Hoy la llamaríamos con el deslucido nombre 
de “emprendimiento”. En esas épocas un ejemplo de voluntad y un asiento 
de conocimientos magistrales en la confección de las recetas así 
calificadas. 
Así lo recuerdo, como en esta foto. Largo guardapolvo blanco, una 
seriedad que contenía una aguda mirada y una fina ironía que solía salir 
de su boca, interpretando algún gesto, algún comentario, alguna noticia. 
Se recuerdan también las tertulias que se realizaban con visitas de 
ínclitos personajes y donde los comentarios oscilaban entre el fútbol, 
donde Rosario Central y Alumni disputaban la centralidad de los temas, y 
algunos menos profanos y, en consecuencia menos importantes. El mate, 
cariñoso, se escondía detrás del mobiliario, en el Laboratorio donde 
pomadas, ungüentos, grageas y jarabes salían impecables para 
tranquilizar pacientes ansiosos y doloridos. Un David contra el 
incontenible avance de los específicos de Laboratorios implacables. 
Mientras la ciudad crecía, las cuatro hermosas plazas cada vez eran más 
hermosas. Y la soja, de incesante desarrollo, hacía de esa ciudad, de 
ese Departamento de laboriosos habitantes enclavado en la pampa gringa, 
un bastión de progreso. Ernesto Lorenzi se casa con la única y 
maravillosa Margarita Vizcaya y tres hijos completan la familia. 

Entretanto, un testigo mudo, quieto, es testigo de décadas de vida de 
esa farmacia, de su dueño y de su familia. Una balanza, de muy simple 
diseño, con un sensible aire art decó, de simple utilización y atrayente 
porte, un pequeño tótem de impecable desempeño y exacta información, 
pesaba escrupulosamente a los clientes que arrimaban a la farmacia. 
Testigo también de desconsuelos (sobretodo femenino) ante la franqueza 
con que comunicaba pesos no deseados. Bueno. La familia Lorenzi, decide 
que ese instrumento de medición antiguo, curioso y bello, sea donado al 
Museo de Casilda, para que quede en la ciudad amada por toda ella, y 
lugar donde Don. Ernesto se afincó con decisión y con amor formó su 
familia. Queda pues al cuidado del Museo. Siempre habrá curiosos, 
investigadores o visitas alegres que se medirán en ella. Una vida y 
varias generaciones atestiguan que no es un artefacto: es un testigo tan 
curioso como las visitas que lo contemplen.” 

La balanza ha quedado en el Museo, como “Objeto Destacado” y quienes 
deseen visitarla, y pesarse, ya que se encuentra en perfectas 
condiciones de uso, en los horarios de visita: de martes a viernes, de 8 
a 12 y de 15:30 a 19:30 horas, y sábados y domingos, de 16 a 19 horas. 

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